“En cada caos existe un cosmos. En
todo desorden, un orden secreto.” Carl Jung
“La historia habla de los hechos que suceden vistos desde afuera.”
Agnes Heller[i]
Un poco de historia:
La LCT cumple cincuenta años. Este aniversario especial de medio siglo de vida parece lejano, pero los antagonismos políticos y las heridas de aquella época aún subsisten, por lo que un homenaje a la norma, según la óptica que se emplee, puede suscitar controversias de actualidad. De este modo, las reflexiones que formularemos en torno a la ley 20.744 no están exentas de peligros y de críticas[i]. Como dijo Guido Di Tella “escribir sobre hechos recientes es sin duda muy arriesgado…no quiero caer en la trampa común de explicar con demasiada claridad una realidad intrínsecamente confusa”[ii].
En este caso, hemos optado por una visión diferente a un análisis sobre el texto de la norma o sus institutos más representativos, para abordar la LCT desde otra perspectiva: un poco de la historia del año de su dictado, 1974[iii], que se destaca entre muchos de la vida institucional de nuestro país por su inusual densidad política, violencia descarnada y en particular, por la muerte del mítico presidente Perón el día 1° de julio, personalidad única e irrepetible[iv], que centralizaba, con adeptos y detractores, la totalidad de la vida institucional de la Nación.
Perón fue electo presidente de la Nación en septiembre de 1973, comenzando su tercer mandato el día 12 de octubre de ese año. Los porcentajes por los que accedió a la primera magistratura son excepcionales para la historia argentina: 61,85 % de los votos, a los que el General sumaba como aliados los de la oposición radical, un 24,42% del líder Balbín, con el que había culminado sus previas diferencias.[v]
Más allá de esta abrumadora mayoría peronista en la representación popular, que en las ciudades se asentaba mayoritariamente en el electorado obrero industrial, mientras que en el interior del país en el apoyo de caudillismos locales[vi], Argentina recibió y atravesó esta tercera presidencia inmersa en una colosal ola de violencia delictual y política, que no cedió ni aún al logro, luego de tanta lucha y esfuerzo, de la instauración del gobierno constitucional. Así sucedió a instancias de los grupos izquierdistas que, o bien eran directamente antagónicos a las ideas de Perón (ERP), o bien se sentían traicionados por el anciano líder (Montoneros)[vii], al advertir que éste había optado decididamente por un perfil de derecha y justicialista ortodoxo al que tenían vedado el acceso, y, por ende, la posibilidad de concreción de sus aspiraciones sucesorias por vías institucionales internas.[viii]
Pese a esta situación de superficie, es decir, la lucha sin cuartel de las fuerzas imperantes en el medio social y político ya sea para conservar o para tomar el poder, se advierte subterráneamente otra corriente, más pausada, trabajosa, de arduo camino, destinada a la labor legislativa tanto en período ordinario como extraordinario, que en ese año 1974 asentó los fundamentos de algunas normas de prolongada duración en el tiempo, incluso hasta nuestros días, entre la que se destaca la Ley de Contrato de Trabajo y otras leyes que procuraremos recordar en el curso de este artículo.
El año 1974, en un comprimido resumen, puede dividirse exactamente en dos partes, separadas el día 1° de julio por la muerte de Perón[ix]. No obstante, la violencia política no cejó en ninguna de ellas; ni con la presencia del presidente constitucional más votado de la historia, ni con la continuidad de su sucesora, María Estela Martínez de Perón.
Los enfrentamientos y la lucha por el poder entre el peronismo ortodoxo y la izquierda se producían tanto en el ámbito de la vida democrática como fuera de ella. Dice Lázzari: “La izquierda insurreccional, sobre todo el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y los Montoneros, habían ya perfeccionado sus métodos guerrilleros, logrando sembrar el terror entre la población civil. La respuesta del estado no fue institucional como lo había sido hasta entonces, a través de las policías federal y provinciales, para pasar a ser el escenario de la aparición de la violencia paraestatal protagonizada por la Alianza Anticomunista Argentina, la tenebrosa Triple A.” [x]. Y señala Godio: “Lo lógico —desalojada del gobierno la dictadura militar— hubiera sido una confrontación de posiciones en los marcos de la defensa del régimen constitucional tan costosamente recuperado. Pero ello no ocurrió por el infantilismo de izquierda de Montoneros, y en cambio se desató una lucha frontal entre el caudillo y esa nueva izquierda.”[xi].
En el proceso, primero el General y luego su sucesora, ratificaron su pensamiento ortodoxo y separaron del espacio justicialista tanto a los grupos de la izquierda clandestina -en su máxima expresión, con el discurso del líder en el acto del 1° de Mayo del “Día del Trabajador” al expulsar a la agrupación “Montoneros” de la Plaza de Mayo-, como también a la línea política, denominada la “Tendencia”[xii], brazo partidario visible de los primeros, y electos un año antes, en la rueda electoral que consagró presidente a Héctor Cámpora[xiii]. Larraqy relata: “Ezeiza había sido la primera batalla del peronismo ortodoxo. Y la había ganado. También había empujado a Cámpora hacia la renuncia. Y lo había logrado. La Tendencia Revolucionaria perdía imagen de acción política, pero su capacidad de movilización se mantenía intacta en las calles. La lucha entre ambos sectores continuaba. La disputa entre ellos por la proximidad a Perón, para heredar su poder, alcanzaría dimensiones sangrientas…”
En esa línea, los periódicos más relevantes de la época expresan atentados terroristas diarios, asesinatos, colocación de bombas explosivas, secuestros extorsivos y con contenido político, asaltos a bancos, asaltos a guarniciones militares y policiales para proveerse de armas, a hospitales, a empresas que pudieran manejar armas o explosivos, la construcción de “cárceles del pueblo” para retener secuestrados, voladuras de fábricas, de comercios, de edificios públicos, bombas en domicilios de dirigentes políticos o sindicales, violencia sindical, toma de medios de comunicación, asesinatos a gerentes de fábricas sospechados de entregar sindicalistas o compañeros.
Y también sus réplicas desde las organizaciones paramilitares dirigidas desde el entonces Ministerio de Bienestar Social, atentados y desaparición de opositores, muertos en descampados, cierre de diarios, bombas en medios de prensa y unidades básicas o comités disidentes, ataques a autoridades universitarias y sindicalistas de líneas adversas, bombas en estudios jurídicos y asesinato de abogados.
Acciones y revanchas de uno y otro lado resultaron exacerbadas a partir de la segunda mitad del año, luego de la muerte de Perón[xiv]. Dice Julio Godio: “Llegó un momento en que Perón era «todo»… Con la muerte de Perón, el 1º de julio de 1974, comenzó la crisis del gobierno, lo que facilitó el avance del ala lopezreguista. El nuevo gobierno peronista de Isabel pasó a avalar abiertamente la represión contra la izquierda, planificada en el Pentágono y aplicada centralmente por las Fuerzas Armadas argentinas con la colaboración de las bandas lopezreguistas.”[xv]
Se trata de un inventario cruel, y para quien dude, que ha sido recogido revisando los diarios de la época, de editoriales diferentes, día por día.
Como ejemplo, van los siguientes títulos periodísticos en algunas jornadas promedio (se han tomado días al azar, con exclusión, de modo deliberado, de fechas representativas de grandes atentados o aniversarios en los cuales los hechos luctuosos recrudecían de manera alarmante):
Diario La Nación, 24/2/1974: “Desaparecen en La Plata tres militantes de la Juventud Peronista Regional -fueron detenidos por personas vestidas de civil que se identificaron como policías-. Tiroteo frente al diario El Mundo con numerosos detenidos. Hallan campamento guerrillero en Necochea. Atentado en Tucumán contra un alto funcionario de la Gobernación. Se hallan explosivos y proyectiles en la vía pública en Río Cuarto. Presunto campamento extremista descubierto en Casa de Tigre, San Luis.”
Diario La Prensa, 3/5/1974: “Dos industriales en la lista de cautivos y un estanciero secuestrado en La Plata. Estallan bombas en la Capital Federal. Ataque a tiros en Bahía Blanca contra militantes del PST. Ataque a una fábrica en Mendoza. Bombas en Rosario y Mar del Plata. En Capital Federal intentan volar el chatel de un funcionario policial. Extremista herido en Tucumán.”
Diario Clarín, 11/6/1074: “Torturaron y asesinaron a un dirigente sindical en Bernal. En Punta Lara encuentran muerto a un militante peronista desaparecido. Rosario, signada por los secuestros: dos nuevos raptos se sumaron a los casos de secuestro que en el año ya superan allí los veinte. Ametrallan en Monte Grande el edificio de la Comuna y la casa del Intendente.”
Diario Clarín, 9/8/1974: “Crimen político en La Plata: matan 3 activistas de la tendencia y se elevan a cinco los muertos en los últimos días. Estallan bombas en la Capital (en sede de la Cámara de Industrias Gráficas y en la Federación Argentina de la Industria Gráfica). Bomba contra un depósito de Editorial Atlántida, más bombas explotan en Rosario, desactivan explosivos frente al supermercado La Reina. Copan un puesto marítimo en Bahía Blanca para robar armas. Al resistir un secuestro fue gravemente herido un industrial azucarero. Sin novedades del secuestro del gerente general de Acindar en Villa Constitución. Tratan de localizar tres empresarios cautivos”.
Diario La Prensa 4/9/1974 (día en que Diputados comienza el tratamiento de la LCT): “Hallan un campamento extremista en Resistencia. Detenciones de subversivos en Jujuy. Ocho detenidos en Córdoba. En Salta dinamitan una “cárcel del pueblo” hallada por las fuerzas de seguridad. Atentados con bombas en la Capital, Gran Buenos Aires y el interior, contra la Cámara hotelera, un domicilio, 4 bombas en Lomas de Zamora, contra un periódico en Morón, contra un exdecano en Bahía Blanca. Más explosivos en Córdoba, contra un profesor en Tucumán y contra un centro asistencial en Capital. Secuestro de un dirigente estudiantil en Mar del Plata.”
Diario La Prensa 1/11/1974: “Hallan asesinado a balazos a un sindicalista del INTA. Balearon un militante de la JP en San Francisco Solano. Denuncia la desaparición de una estudiante de arquitectura. Identifican tres cuerpos hallados en un campo como tupamaros uruguayos. Estalla una bomba frente a la casa de una abogada en Santa Fe. Otras dos bombas estallan en el local del Sindicato de Empleados Públicos y en un refugio para pasajeros en la misma provincia. Un atentado causa graves heridas a un dirigente gremial en Tucumán.”
Seguir con la lista es dar espacio a la morbosidad. La cadena de hechos luctuosos es inagotable. Como puntos destacables se señalan el intento de asalto del ERP al Cuartel de Azul (Bs. As), los combates del ERP en Tucumán, el asalto a la Fábrica Militar de Explosivos en Villa María y al Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada de Catamarca, el asesinato del Padre Mujica, el asesinato del diputado Ortega Peña, de Arturo Mor Roig, el secuestro y asesinato de Silvio Frondizi, el secuestro de prominentes empresarios como el Presidente de Coca Cola, de Swiss Air, de los hermanos Born, el secuestro y posterior muerte de los Coroneles Ibarzábal y Larrabure, el atentado contra el Rector de la UBA con el fallecimiento de su pequeño niño de cuatro meses, atentados contra autoridades universitarias, el secuestro y muerte del ex Vicegobernador de Córdoba, el asesinato del Capitán Viola y su hijita de 3 años en Tucumán.
Faltan muchos otros nombres propios a los que corresponde también darles su homenaje. De todos modos, como dijera el historiador José Luis Romero[xvi], todo iba a empeorar: “En poco tiempo, sin embargo, la República descubrió que todavía le quedaba por vivir la más aguda y dolorosa de sus crisis” entrando, dos años después, en su hora más oscura.
Los sucesos que referimos, es dable señalar, tuvieron su tratamiento en el ámbito legislativo, pues en un mismo año, 1974, se sancionaron, no una sino dos modificaciones al Código Penal para frenar esta catarata de violencia. La primera en sesiones extraordinarias, en el mes de enero, aprobada en un brevísimo tiempo por ley N° 20.642. La segunda, ya bajo la Presidencia de Isabel Martínez de Perón, dictada en tiempo récord: 3 días, a fines de septiembre de 1974, casi al borde de la finalización del año legislativo ordinario, que recibió el N° 20.840. A ello se agregan otras normas de índole represivo como las de modificación a la piratería aérea (ley 20.708) y estupefacientes (ley 20.771).
Finalmente, luego del asesinato del jefe de la Policía Federal, Comisario Villar, el día 7 de noviembre de 1974 y por decreto 1368/47, la presidente Martínez de Perón establece el estado de sitio en todo el territorio. Dicen sus considerandos: “…es deber esencial del Estado nacional argentino preservar la vida, la tranquilidad y el bienestar de todos los hogares… ejerciendo la plenitud de su poder, el Estado nacional argentino debe, con total energía, erradicar expresiones de una barbarie patológica que se ha desatado como forma de un plan terrorista aleve y criminal contra la nación toda… la asunción de medidas preventivas de excepción son procedentes para garantizar a todas las familias su derecho natural y sagrado a vivir de acuerdo con nuestras tradicionales y arraigadas costumbres; …la generalización de los ataques terroristas, que repugnan a los sentimientos del pueblo argentino sin distinción alguna, promueven la necesidad de ordenar todas las formas de defensa que represión contra nuevas y reiteradas manifestaciones de violencia que se han consumado para impedir la realización de una Argentina Potencia y de una Revolución en Paz…”
El Pacto Social:
Toda esta situación se presentaba, además, en un contexto económico particularmente inestable: el agotamiento del “Pacto Social”[xvii] elaborado en el 73 por el ministro de Economía Gelbard[xviii] con el acuerdo de las dirigencias sindicales y empresarias.
Si bien “Pacto Social” tuvo un éxito inicial, para marzo de 1974 progresivamente demostraba su desborde y fracaso.[xix] Se trataba de un esquema dirigista y de férreo control de precios, salarios y tarifas que pese a un éxito inicial fugaz no pudo sostenerse en el tiempo y dio paso al crecimiento de la inflación, los aumentos de precios, desabastecimiento, descontento social, puja por los salarios, protestas sociales y huelgas. La gestión Gelbard, presionada por las circunstancias (y por la CGT), culmina en octubre de 1974, con su renuncia y el retorno de un histórico peronista ortodoxo: Gómez Morales. Todo lo que desemboca en 1975 en el conocido “Rodrigazo”. Cualquier parecido con épocas de mayor actualidad no es mera coincidencia.[xx]
Actividad legislativa relevante:
Aun así, como lo advertimos al principio, aun en este contexto 1974 presenta, de modo sorprendente, una actividad legislativa constante, que dio lugar a normas que mantienen su vigencia más allá de su cincuentenario.
En ese orden, y si bien corresponde al año 1973, es de destacar que el último día de este año (31/12/1973) se publica la ley 20.631 de Impuesto al Valor Agregado. Nace así el I.V.A., que sustituía en un único tributo el previo impuesto a las ventas y el impuesto sobre las actividades lucrativas, con una alícuota general del 13%.[xxi]
En marzo de 1974 se sanciona la Ley del Deporte N° 20.655, entre cuyas disposiciones se destaca la del art. 16, que imponía a las entidades deportivas la forma de “asociación civil”. Este concepto ha permanecido vigente, no sin amplias polémicas, durante 50 años, hasta el dictado del Decreto 70/23 y de la actual “Ley Bases” N° 27.742 de este año 2024.
Un punto clave lo constituye la cuestionable “Ley de Abastecimiento” N° 20.680, de junio de 1974, que rigió también durante casi 50 años, hasta su reciente derogación, y que cumplió ominosas funciones en múltiples gobiernos sucesivos, incapaces de dominar la inflación[xxii]. No obstante, al tiempo de su dictado, no solo correspondía a la tradición económica peronista[xxiii], sino que tuvo un período inicial de inusitada eficacia. Dice Di Tella sobre ella: “Las bases las consideraron una medida dirigida contra los grupos establecidos tradicionales y con un signo de la firme decisión de arreglar las cosas, como si las cosas pudieran arreglarse tan fácilmente. La política de determinar los precios fue aplicada en toda su extensión. Tanto en aquellos casos donde el control, aunque difícil, era posible, como en aquellos donde resultaba improbable… La juventud peronista creó grupos voluntarios de supervisión que verificaban el cumplimiento, agregando tensión a una atmósfera tensa… El Gobierno se sintió tan sorprendido por la eficacia inicial de sus medidas, que llegó a convencerse demasiado de su valor. En rigor, se las mantuvo durante mucho tiempo después de que hubiesen dejado de ser útiles… una congelación de precios puede ser útil, ya que puede crear una pausa en el alza y modificar las expectativas que son por sí mismas un factor de inflación. Sin embargo, se la debe utilizar con sumo cuidado solo por un corto tiempo y sobre una reducida línea de productos importantes y controlables; desdichadamente no fue esto lo que se hizo.”[xxiv]
En el ámbito laboral, en agosto de 1974 se sanciona la ley de actualización de créditos laborales 20.695, de absoluta actualidad[xxv], “por la que de oficio o a petición de parte, los jueces deb[ían] incrementar el monto nominal de los créditos laborales de conformidad con los índices del costo de vida (I.P.C.) La norma estableció que dicho criterio también era aplicable a los juicios en trámite, aún en proceso de ejecución de sentencia. Dicha regla fue receptada por la LCT.”[xxvi]
En septiembre de 1974 tiene vida la “Ley 20.703 del Telegrama Obrero Gratuito”, con “las mismas características del colacionado, que el trabajador puede remitir en los casos de conflictos individuales de trabajo”[xxvii] y la ley 20.740 de jubilación de conductores de vehículos, con edad de jubilatoria anticipada para los choferes. Los principios jurídicos allí establecidos se encuentran vigentes hasta la actualidad.
El fin de las sesiones ordinarias de ese año (30/9/1974) también vio aprobadas dos modificaciones al Código Civil de carácter sustancial: la ley 20.798 que consagró el derecho real de habitación del cónyuge supérstite mediante la modificación al art. 3573 bis CC y la ley 20.889 que consagraba el derecho a la intimidad mediante la introducción del art. 32 bis, antecedente normativo del posterior y célebre art. 1071 bis CC (ley 21.173 del año 1975).
Finalmente son de destacar la ley 20.770, que instauraba el 20 de noviembre como el “Día de la Soberanía Nacional” (combate de la Vuelta de Obligado) y la ley 20.785, de procedimiento a imprimir a los bienes objeto de secuestro, que continúa aplicándose en la actualidad.
La L.C.T.
En cuanto a la LCT, el texto fue propuesto por la C.G.T. al entonces ministro de Trabajo Otero (de extracción sindical) en el mes de febrero de 1974[xxviii]. Receptada por el Poder Ejecutivo, el mensaje y el proyecto de ley suscriptos por Perón, Gelbard, Otero y Benítez, ingresaron al Congreso en período de sesiones extraordinarias[xxix] el día 21/3/1974. Tuvo un amplio debate y discusión en comisiones, lo que demoró su sanción[xxx] hasta lograrla definitivamente el 11/9/1974.
El decreto de promulgación, dictado por Isabel Perón el día 20/9/1974, fue acompañado de un sonoro acto de celebración de la Presidente junto a la C.G.T.[xxxi] en el Salón Blanco de la Casa Rosada.
Nótese la envergadura de los asistentes, según el diario La Nación: “La ceremonia de promulgación de la ley de Contrato de Trabajo se desarrolló en el Salón Blanco. En el centro del recinto tomaron ubicación legisladores, dirigentes de la CGT y de la CGE. A las 12:40 hs ingresó en el salón la Presidente de la República y de inmediato comenzó la ceremonia. Se hallaban a su lado los ministros de Trabajo, de Justicia, de Cultura y Educación, de Bienestar Social y del Interior; los presidentes de las Cámaras de Senadores y de Diputados, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, secretarios de Estado y subsecretarios, el intendente municipal, el secretario adjunto de la CGT, el titular de las 62 organizaciones, el Presidente de la CGE y altos funcionarios de la Presidencia…”[xxxii]
La foto de la portada del diario de ese día -que el lector puede ver al pie de este artículo- muestra a la multitud congregada en Plaza de Mayo. Paradójicamente, solo un día antes y a pocos kilómetros, en la localidad de San Isidro, tenía lugar el secuestro, perpetrado por Montoneros de los hermanos Juan y Jorge Born en la denominada “Operación Mellizas”, que dio lugar al pago del rescate más importante en la historia universal: 60 millones de dólares.[xxxiii]
También paradójicamente, cinco días más tarde, los mismos dirigentes gremiales antes presentes en la promulgación de la L.C.T. recordaban, en un oficio religioso en la Catedral de Buenos Aires, el primer aniversario del asesinato del anterior secretario general de la C.G.T. José Ignacio Rucci, quizás quien, entre toda la dirigencia, mayor autoridad y derecho tenía a celebrar la nueva ley laboral.[xxxiv]
Digamos algunas palabras sobre los antecedentes de la L.C.T. en la visión de uno de los máximos exponentes del Derecho del Trabajo, el tratadista Vázquez Vialard:
“La sanción de la ley de contrato de trabajo (L.C.T. nro. 20.744, septiembre de 1974) constituyó una de las más importantes reformas del régimen laboral. La norma respondió ante el proyecto preparado por la CGT, en el que tuvo activa participación del destacado y laboralista doctor Centeno. El mismo fue remitido al Congreso acompañado por un mensaje del P.E. en el que se destaca que: “si alguna pretensión no tiene esta ley coma (sacar la palabra coma) es precisamente la de su originalidad.” Consideraba que se trataba más que de una creación de una recopilación con el único mérito de haber sido sistematizado los diversos institutos vigentes en el derecho del trabajo (se agregaron algunos extraídos de otras legislaciones). Dicha norma recogió la larga experiencia de la doctrina judicial y de los autores. Puede considerarse que el legislador de 1974 incorporó a la L.C.T. la mayor parte de la doctrina de los tribunales que favorecía a los trabajadores, así como que dictó normas que impedían la aplicación de ciertos criterios adoptados en ese ámbito que no convenían a los intereses de aquellos. La norma se caracterizó por un claro y decidido propósito de mejorar las condiciones de trabajo, estableciendo, entre otras, la ampliación del período de licencia anual por enfermedad; incrementó las indemnizaciones por despido; incorporó en su primera parte disposiciones derivadas de la aplicación de los principios fundamentales del derecho del trabajo que fulminan con nulidad los fraudes y simulaciones; estableció definiciones con respecto al concepto de trabajo, empresa, empresario y establecimiento. La norma incorporó una disposición de orden doctrinario: Su artículo 19 estableció: Las desigualdades que crean esta ley en favor de alguna de las partes coma (sacar la palabra coma) solo se entenderán como formas de compensar otras que de por sí se dan en la relación.” Cabe destacar la recepción de disposiciones que se refieren a la dignidad del hombre que trabaja, a la protección de sus derechos y a la consideración de la familia como un elemento que gravita en la relación laboral.”
La observación de Vázquez Vialard sobre la “falta de originalidad”[xxxv] de la L.C.T., como bien reconoce el autor, se admitía en el propio texto del Mensaje del Poder Ejecutivo y explica, entre otras circunstancias, la larga permanencia de la norma:
Texto del Mensaje: En cuanto a la técnica y metodología en que se asienta la elaboración del texto proyectado de ley de contrato de trabajo, adelantamos que sus normas no vienen a legislar a nuevo sobre instituciones de esta rama del Derecho. Así se enuncia en la exposición de motivos que se acompaña y forma parte integrante del presente mensaje. En igual sentido, son claras sus referencias al puntualizar que ha debido tomarse como punto de partida la normativa vigente, así como su entorno jurisprudencial y doctrinario; sin perjuicio de ponerse también de relieve que, en correspondencia con las ideas centrales que lo orientan, se ha dotado a todo el dispositivo. Una sistemática y concepción común integrada e inescindible…”
Más adelante, se expresará en el debate parlamentario en el Senado: “Esto… no significa, sin embargo, que se trate de una mera recopilación o consolidación de normas vigentes, sino que, por el contrario, no solo incorpora las soluciones más progresistas dadas por la jurisprudencia laboral del país y por la doctrina nacional, sino que agrega soluciones originales cuando éstas resultan más aptas para la mejor realización y desenvolvimiento de los principios de la justicia social.”
Y si bien el trabajo correspondía al célebre Norberto Centeno[xxxvi], el proyecto también se inspiraba en otros anteriores en la materia, en particular, el Código de Trabajo redactado por los doctores Nápoli, Despontin y Tissembaum, que no logró tratarse en el año 1966, con motivo del golpe de Estado contra el entonces presidente Illia.
De este modo, el nuevo texto no era extraño al espacio jurídico laboral nacional, a la vez que consagraba, en algunos institutos, mejoras de derechos apreciables para el sector trabajador.
En cuanto a la figura de Norberto Centeno, se ha escrito: “Su comprometida tarea lo llevó a prisión en distintas oportunidades: estuvo preso, debido a su militancia peronista coma sacar la palabra coma durante el régimen militar que derrocó a Juan Domingo Perón en 1955. Mientras estaba en prisión, recibió su título de abogado en el transcurso de esa detención… Cuando es liberado de su primera detención en 1955, comienza a trabajar como abogado laboralista: primero en el comedor de su casa y luego en un estudio que alquila. Desde siempre, asesora exclusivamente trabajadores. Pasando luego a ser abogado de gremios que los representa. Así, su estudio jurídico se dedicó plenamente al Derecho laboral, desempeñándose como asesor legal de la Confederación General del Trabajo”, entre una larguísima lista de entidades sindicales.[xxxvii]
Infortunadamente, Centeno sería asesinado unos tres años más tarde, en julio de 1977. En su memoria, y la de otros abogados víctimas de la represión, la ley 27.115 estableció el día de su desaparición, 7 de julio, como “Día del Abogado Laboralista”.[xxxviii]
Epílogo:
La supervivencia de la L.C.T. cincuenta años más tarde, obedece, en nuestra opinión, a tres causas diferentes. El lector, de seguro, podrá encontrar razonablemente muchas otras.
La primera es la de su origen, netamente sindical, cuyos dirigentes, al momento de su dictado constituían ni más ni menos, la «columna vertebral del peronismo», como definiera Perón el rol de los sindicatos[xxxix]. Este poder se ha conservado relativamente inalterado hasta tiempos cercanos, pudiendo señalarse que su declinación actual coincide con los primeros intentos verdaderos de cambio normativo.
La segunda es la destreza e inteligencia de su propuesta, que en lugar de imponer conceptos ajenos a la sociedad y al sentir del trabajo argentino – individualista pero protector de sus derechos e intereses-, conservó la tradición y receptó con mejoras al sector trabajador las normas, las sentencias y el importantísimo pensamiento doctrinario laboral desarrollado a lo largo del siglo XX. La experiencia de su autor en el ejercicio profesional la dotaban además de una importante cuota de realismo. Véanse las palabras del propio Centeno: “…la ley de contrato de trabajo no es un producto de gabinete ni el resultado de una combinación más o menos feliz de fórmulas abstractas. Los datos vienen tomados de la realidad concreta, adoptados en función de ideales sociales de justicia; de allí el estricto criterio de factibilidad que la informa al combinar lo ideal con lo posible, sí, como estamos dispuestos a afirmar el derecho del trabajo con cuanta mayor razón, es derecho de la realidad.”.[xl]
La tercera, quizás, más discutible, de orden histórico. Los pueblos presentan en sus procesos, algunos conceptos cuya transformación requiere mucho tiempo, décadas, en este caso, medio siglo. La legislación laboral argentina ha sido uno de ellos, como en su momento fuera, por ejemplo, la ley de divorcio, instituto prohibido durante casi todo el siglo XX, pese a los sistemas comparados latinoamericanos en derecho de familia de mayor flexibilidad y a los reclamos de la sociedad argentina para la instauración de esta forma de disolución del matrimonio, que sólo recibió consagración con el dictado de la ley 23.515.
Así, pese a numerosas modificaciones que registró la ley 20.744, su esqueleto o verdadero esquema, que estimamos radican en los principios de vinculación subordinada y de trabajo vitalicio, sólo han sido puestos en juego con el decreto 70/2023 y con la reciente Ley de Bases N° 27.742 de este año 2024.
Es interesante ver el contrapunto entre la ley 20.744 y la ley 27.742. Una, sancionada en el contexto de una sociedad industrial; la otra ya en pleno auge de la sociedad del conocimiento. La LCT en un período de un gobierno con amplísima y absoluta mayoría legislativa; la otra, bajo extremas condiciones de inferioridad numérica en el seno del Congreso. La ley 20.744 en el punto cumbre del poder sindical justicialista; la ley 27.742 en una etapa de visible declinación. La LCT, con autor y nombre propio; la Ley Bases, anónima, más bien con redactores temerosos de la publicidad y que esconden su pluma. La primera, de aglutinamiento de tradiciones; la segunda, de principios de ruptura…
¿Murió el espíritu de la L.C.T. luego de la Ley Bases? A primera vista, se advierte que, efectivamente, introduce una cuña en dos aspectos claves del anterior sistema, como ya dijimos, el concepto de trabajo vitalicio y el concepto de subordinación o dependencia.
Pero sería un error propiciar un movimiento pendular -de los que tanto gustan en nuestro país y luego dan lugar a un efecto “rebote”-, o una visión dicotómica, porque estas leyes responden no sólo a tiempos históricos distintos, sino también a necesidades diferentes. La LCT, con todas sus críticas[xli], dio texto y letra a un cuerpo de principios fundamentales del Derecho del Trabajo que rescatan y destacan en valor de la dignidad humana y que forman parte del pensamiento laboral nacional, en muchos puntos y en comparación con las leyes extranjeras, de avanzada. La Ley de Bases, también muy criticada, es, con sus notorias imperfecciones, el primer intento contemporáneo de acomodar la legislación al concepto de trabajo en la sociedad del conocimiento y su nacimiento presenta todas las dificultades de un gobierno sin masa crítica legislativa y sostenido, no por una tradición partidaria, sino de modo inorgánico, por la opinión pública mediática y el consenso popular.
Podríamos adivinar que se avecinan tiempos interesantes para el Derecho del Trabajo, en un proceso de lucha entre estas dos perspectivas. Como dijera Centeno a propósito de la LCT: “No es un derecho transitorio, es un derecho en evolución”.[xlii]
Esta etapa que, a nuestro criterio, tendrá marchas y contramarchas y una larga duración, hasta tanto se arribe a un nuevo texto legal, más definitivo y acorde a las necesidades de la sociedad argentina contemporánea.
Esperemos librarnos esta vez de ese espíritu infantil del “todo o nada” y que las corrientes que, en forma evidente, están pujando por transformar este nuevo régimen en un “Rodrigazo” de deudas judiciales o en una supresión de derechos laborales con consagración constitucional, razonen con madurez y con conciencia de realidad[xliii]. La misma madurez y conciencia de realidad que hace falta a su parte adversaria, que deberá aceptar y asumir que el derecho laboral declamatorio y de la viveza criolla, que nos ha llevado a este penoso estado actual, se encuentra agotado y perimido hace ya mucho tiempo.
M.C.G.
Buenos Aires, 2024.
A L., mi “peronista ilustrado”.
[i] Ver Godio, Julio: “Perón: regreso, soledad y muerte (1973-1974)”. Sus palabras, si bien de 1985, son absolutamente actuales: “El malentendido gigantesco de 1973 sigue estando presente en 1985.” Pág. 8
[ii] Di Tella, Guido, “Perón-Perón 1973- 1976”, Biblioteca Argentina de Historia y Política, pág. 1
[iii] Lázzari, Eduardo, “1974: en el cincuentenario, el recuerdo de un año cargado de violencia”: “1974 se convirtió en un hito que marcó un antes y un después en la historia moderna de los argentinos. Exactamente a mitad del año murió Juan Domingo Perón, el hombre que dominó la escena política durante tres décadas desde 1945, al igual que lo había hecho otro general, Julio Argentino Roca, entre 1880 y 1910. Coincide 1974 con el fin del tercer cuarto del siglo XX, pero un recorrido por los titulares de los diarios nos pone frente a una intensidad histórica como pocas en sólo 365 días.” https://tn.com.ar/opinion/2024/05/04/1974-en-el-cincuentenario-el-recuerdo-de-un-ano-cargado-de-violencia/
[iv] Godio, Julio, ya cit. Ver página 7: “Durante más de treinta años [Perón] fue el centro de la política argentina. A lo largo de sus dos primeras presidencias (1946-1955) acaudilló el movimiento de masas más importante de nuestra historia en lo que va del siglo. Derrocado en septiembre de 1955 por un golpe de Estado militar, vivió dieciocho años en el exilio, pero aun así siguió gravitando en la política argentina y siempre estuvo presente como opción en todos los grandes acontecimientos políticos. Regresó a la Argentina a los setenta y siete años de edad. Primero por un breve periodo, en noviembre de 1972, y luego definitivamente en junio de 1973, con el triunfo electoral del peronismo en las elecciones de marzo de ese año. Tres meses después fue elegido por tercera vez presidente de los argentinos. Parafraseando al estadista inglés, se podría decir que ese 23 de septiembre de 1973, cuando votaron por él más del 60 por ciento de los inscriptos en los padrones electorales, fue «su hora más gloriosa». No sólo por el fervor de sus partidarios, sino porque la mayoría de sus antiguos opositores aceptaron que la nación misma parecía reconocerse en su persona. Pero, en verdad, salvo los trabajadores peronistas, la sociedad se reconocía en él por astucia, no como entrega autentica. Es que distintas clases, partidos y jefes depositaban en su figura carismática la resolución de intereses diferentes, algunos irreconciliables.”
[v] Ver Larraquy Marcelo, “Los 70. Una historia violenta”, pág 35.
[vi] Di Tella, ya cit: pág. 95: “…el caudal electoral peronista se hallaba compuesto de nuevo por dos grupos muy disímiles entre sí (Mora y Smith, 1980) en los centros urbanizados prevalecía el electorado obrero, carente de Jefatura personalizada; allí la columna vertebral era la organización sindical. Por otro lado, en las provincias menos urbanizadas, los sindicatos no tenían tanto peso; prevalecía, en cambio, la jefatura personalizada del caudillo local, posibilitando hasta cierto punto un manejo del electorado no del todo distinto del que practicaban los caudillos conservadores en el pasado. Tal dicotomía reflejaba el desarrollo inicial del peronismo basado en la absorción, entre otros grupos, del electorado socialista urbano y del electorado conservador rural.”
[vii] Godio, pág 8: “Como expresión de la frustración argentina -se refiere a los golpes de estado militares- se habían desarrollado nuevas fuerzas de izquierda dentro y fuera de su movimiento. Eran principalmente los Montoneros y el Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo ( PRT-ERP); el primero formalmente peronista, el segundo de origen troskista pero ahora guevarista. Esta nueva izquierda era predominantemente estudiantil, pero también tenía base entre la juventud villera y rural, y una incipiente implantación en el movimiento sindical. Las consignas de Montoneros, ERP y otras pequeñas fuerzas de izquierda no excedían las formulaciones generales y conocidas: socialismo nacional (Montoneros) o socialismo a la vietnamita (ERP). con las consabidas referencias standard al antiimperialismo yanqui y contra la oligarquía. Como era de prever, se generó un malentendido gigantesco. Perón quería que el país saliera del atolladero con un programa real. La nueva izquierda quería superar la decadencia con consignas abstractas. Lo lógico —desalojada del gobierno la dictadura militar— hubiera sido una confrontación de posiciones en los marcos de la defensa del régimen constitucional tan costosamente recuperado. Pero ello no ocurrió por el infantilismo de izquierda de Montoneros, y en cambio se desató una lucha frontal entre el caudillo y esa nueva izquierda. La «sabia y cruel» oligarquía, con fuertes posiciones en las Fuerzas Armadas, sólo tuvo que sentarse a observar cómo ese enfrentamiento terminaba por agotar a los contendientes y reagruparse para ir preparando un nuevo golpe de Estado.”
[viii] Guido Di Tella: “Las convocatorias electorales, así como la creación de un gobierno percibido por la mayoría como legítimo, fueron en cierto modo una tentativa por socavar las supuestas bases del terrorismo. Se quiso dar así una solución política al problema de la subversión, esperanza cuyo brutal fracaso se reveló poco después de los comicios. Sin embargo, tal como se había previsto, el hecho de que se intentara una solución electoral restó a la subversión gran parte del difuso apoyo con que contaba y la aisló de las corrientes principales de la vida política. Posteriormente, la prosecución de sus violentas actividades provocó el resultado diametralmente opuesto al buscado acelerando la caída de la coalición popular y el retorno de los militares.” (pág 23).
[ix] Lázzari, Eduardo: “La historia argentina solo registraba, hasta entrado el año 1974, la muerte de dos presidentes en el cargo: Manuel Quintana en 1906 y Roque Sáenz Peña en 1914. El caso de Roberto Marcelino Ortiz en 1942 es diferente ya que su renuncia fue aceptada luego de una larga licencia de dos años por enfermedad veinte días antes de su deceso en 1942.” https://tn.com.ar/opinion/2024/06/08/1974-en-el-cincuentenario-el-recuerdo-de-un-ano-cargado-de-violencia/
[x] Lázzari, Eduardo. https://tn.com.ar/opinion/2024/05/04/1974-en-el-cincuentenario-el-recuerdo-de-un-ano-cargado-de-violencia/
[xi] Godio, pág 8 y siguientes. “Perón era un líder nacionalista a secas, no un nacionalista revolucionario, y menos aún un marxista. Por eso decía una y otra vez: «Todo en su medida y armoniosamente»
[xii] Así lo demuestran las renuncias de los diputados de izquierda previo a la modificación del Código Penal (enero de 1974), la renuncia del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Bidegain (enero de 1974), la intervención federal a la provincia de Córdoba (“Navarrazo”), con el desplazamiento del gobernador Obregón Cano (marzo de 1974), la legendaria expulsión de la Plaza de Mayo de los Montoneros por el propio General Perón (1° de mayo), y ya fallecido éste, la intervención a la provincia de Mendoza, con el desplazamiento del gobernador Martínez Baca (septiembre de 1974) y posteriormente Santa Cruz (Cepernik) y Salta (Ragone). Dice Godio: “Para Perón lo fundamental era, por lo tanto, cerrar cualquier brecha política que amenazase el Plan Trienal, las medidas de corto plazo y el Pacto Social: este peligro venía, paradójicamente, desde dentro de su propio movimiento y desde la nueva izquierda marxista-guevarista del PRT-ERP y otros grupos. Por eso se decidió a dar una batalla en etapas: desmontar primero el camporismo, objetivo que logró el 12 de junio de 1973 con la renuncia del presidente Héctor J. Cámpora; colocar en el gobierno a personas de su confianza absoluta (Lastiri); aislar a Montoneros, desarticular al ERP y restablecer su control sobre las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y otras controladas hasta principios de 1974 por corrientes adheridas al defenestrado camporismo.” Pág. 29.
[xiii] Ver Larraquy pág. 39.
[xiv] Dice Larraquy sobre la Triple A: “A casi un mes de la muerte de Perón, la Triple A desplegaba sus acciones a la vista de todos. Convertía en un baño de sangre las caras más visibles de los “infiltrados”, los “marxistas” y los “zurdos”… Morían los que estaban en las listas de la Triple A. Y otros que no, también morían”… Y del lado extremista: “Desde la muerte de Perón, Montoneros aceleró su ruptura con la Presidenta… que declaró la ilegalización… La conducción definió el pase a la clandestinidad… ahora, en el segundo semestre de 1974, huérfano de Líder, estigmatizado como “enemigos infiltrados” vaciado de respuestas políticas, Montoneros sólo pudo responder a la violencia con más violencia, en una espiral que no se detendría. Y así, en la dinámica de devolver cada golpe, cada muerto debía ser vengado.” (pags. 61 y sig, 71 y sig)
[xv] Godio, página 10 y siguientes..
[xvi] José Luis Romero, Breve Historia de la Argentina, ver pág 194 “El conflicto interno del peronismo se desplegó con toda su fuerza. Frente a quienes proclamaban la bandera de la patria socialista, otro sector levantaba la de la «patria peronista», combinando la aspiración al retorno de la bonanza de décadas anteriores con posiciones, tradicionales en el peronismo, decididamente adversas a las ideas de izquierda. Ambos sectores compitieron por el poder y por el control de las movilizaciones callejeras, y ambos recurrieron a la violencia, al terrorismo y al asesinato. Fue claro que Perón, quien en su anterior lucha con los militares había respaldado a los jóvenes, repudiaba ahora su forma de acción, sus consignas y propósitos, se inclinaba por los sectores más tradicionales del partido y se ocupaba de desalojar a los sectores juveniles peronistas de posiciones de poder. El enfrentamiento culminó el 1° de mayo de 1974, cuando en el tradicional acto peronista de la Plaza de Mayo, el veterano líder los denostó y aquéllos respondieron abandonando la Plaza y, simbólicamente, el movimiento.”
[xvii] Di Tella, dice Respecto del “Pacto Social” (pag 123) “Constituía un aspecto central de la ideología peronista. En suma, el “Pacto” suponía un acuerdo sobre una manera de distribuir el ingreso nacional entre los trabajadores representados por los sindicatos y los sectores empresarios… El estímulo gubernamental era visto como una función esencial del Estado, y si éste se hallaba en manos de una coalición dotada de las características del justicialismo, el éxito era considerado como posible punto. El pacto exigió no poca presión por parte del Gobierno. Para para obtener el apoyo de los sindicatos, el propio Perón necesitó la lealtad incondicional del Secretario General de la CGT, José Rucci. Los sindicatos estaban muy preocupados no solo por las consecuencias económicas (que no resultaron negativas), sino también por la suspensión de las negociaciones colectivas, que constituían una de sus actividades más importantes. El Secretario General de la CGT influyó mucho para que se llegara a una solución, circunstancia acaso conectada con su asesinato coma a mano de las organizaciones subversivas coma en septiembre del mismo año. Dentro del frente, el programa económico fue interpretado, en definitiva, como una concesión a los sectores de las clases medias y empresarial. Las críticas proferidas desde la derecha se centraban principalmente en torno a su índole de su índole intervencionista, en la obligatoriedad de congelación de precios y en el hecho implícito de que pasaba por alto el mercado. Pero como el sector empresarial había esperado del Gobierno de Cámpora soluciones drásticas, y había padecido las consecuencias de un proceso inflacionario que había superado el 100% anual durante los últimos meses del Gobierno anterior, reaccionó de forma bastante positiva.” Y también en la página 30: “En rigor, el programa económico inicial inaugurado en junio de 1973, fue ejecutado en cierto modo independientemente de las políticas del periodo de Cámpora, y se lo consideró, en su momento, como una concesión a los sectores de clase media del partido. El Primer Ministro de Economía, miembro de la Confederación General Económica (CGE) – organización de los pequeños empresarios- duró 17 meses en esas funciones bajo los cuatro presidentes y siguió básicamente en la misma política económica. Esta consistía en esencia, en un programa de estabilización y en un conjunto de medidas reformistas… El plan de estabilización, como veremos, dividió en dos etapas características. La primera alcanzó cierto éxito basada en un “Pacto Social” que apuntaba a imponer cierta distribución del ingreso. También se fundaba en la congelación de precios y en las rebajas en términos reales de varios de ellos lo cual a su vez dio origen a algunas de las tensiones que contribuyeron, posteriormente, a la destrucción de todo el esquema. El éxito de la etapa inicial de junio- diciembre de 1973 coma fue en alguna medida consecuencia de la autoridad que ejercía un Gobierno elegido popularmente y dirigido por una personalidad fuerte, otorgándole credibilidad al programa y contrarrestando los temores inflacionarios. Otro factor igualmente decisivo fue el mejoramiento de la situación internacional que proporcionó una ventaja imprevista. Esto facilitó las políticas de distribución iniciales, si bien obstaculizó el programa de estabilización por su efecto sobre los precios de las importaciones. El fin de esta etapa coincidió con el deterioro de los términos del intercambio que se operó al concluir 1973 y fue determinado por aumentos mayores en los precios de importación, que en los de exportación. Las graves presiones inflacionarias externas y la creciente contradicción entre la congelación de precios y la política monetaria y fiscal expansionista, provocó dificultades económicas cada vez más sustanciales, escaseces internas, reducción de inversiones y pérdida de reservas; surgió así una situación de inflación reprimida. Al morir Perón en julio de 1974, el programa económico moderado de mostraba signos de agotamiento muy evidentes. Se imponían cambios importantes. El hecho de que hubiera que hacerlos después de la desaparición de un jefe dotado de gran autoridad y de que fuesen acompañados por un drástico viraje político hacia la derecha creó tensiones adicionales e inauguró un período de inestabilidad sin precedentes”.
[xviii] José Luis Romero, pág 174 y 175, sobre la oposición: “Los partidos de oposición, empeñados en apoyar al gobierno constitucional, no interfirieron ni en este conflicto ni en el otro, más sordo, de Perón con los sindicatos. La política económica que ejecutó su ministro de Economía, el empresario José Gelbard, fue decididamente moderada, y lejos de las consignas socialistas de algunos de sus seguidores, apuntó a fortalecer el desarrollo capitalista. Se propuso expandir el mercado interno, ampliar las exportaciones industriales y estimular al sector de empresas nacionales, pero sin hostilizar a las extranjeras. La eliminación de la inflación, que era una cuestión clave para cualquier proyecto de desarrollo, debía lograrse mediante un amplio Pacto Social, en el que empresarios y trabajadores renunciaran a su tradicional puja por el reparto del ingreso y aceptaran el papel arbitral del Estado. Pero luego de los primeros éxitos, la reaparición de la inflación impulsó a los trabajadores a acentuar sus reclamos, obligando a Perón a poner en juego toda su autoridad para salvar la concertación. El 12 de junio de 1974, en su última aparición en público, reclamó de unos y otros el cumplimiento de los acuerdos. Poco después, el 1.* de julio, el anciano líder fallecía.”
[xix] Godio, pag 144, sobre el período previo a la muerte de Perón: “Del 1º de mayo al 12 de junio pasaron muchas cosas en la Argentina. El terrorismo de derecha se acentuó (siendo asesinado entre otros, el sacerdote Mugica) contra los militantes de JP, PC, PST, PCR, PB y ERP. Avanzó también el desabastecimiento. Comenzaron a aparecer en los diarios norteamericanos las primeras alusiones a la vejez de Perón y sus dificultades para gobernar. Lo que aparecía claro durante ese mes era el avance del terrorismo de derecha y el caos proveniente del desabastecimiento. Desde la derecha, el gobierno era jaqueado. Por otro lado, amenazando la estructura del Pacto Social, continuaba por abajo creciendo la ola huelguística, ahora por aumentos de salarios; aumentaba la ocupación de viviendas por los «sin-techo»; comenzaba a generalizarse el descontento en el campo. En el norte y noroeste, luego de un nuevo esbozo de levantamiento popular en Misiones con el «Posadazo» del 6 y 7 de junio, las Ligas Agrarias exigían que una vez por todas se «diese la tierra a quien la trabaja» y precios compensatorios para el algodón. En el sur, en el Valle de Rió Negro, varios miles de toneladas de frutas se pudrían por la política de los monopolios de preferir que reine hambre en la Argentina antes que lanzar al mercado productos que hagan descender los precios monopólicos. Todavía no había terciado la Sociedad Rural que pronto, aprovechando la crisis política en marcha, comenzará a cuestionar abiertamente la política agraria del gobierno, logrando agrupar a la mayoría del campesinado pobre y medio por «mayores precios». En el fondo, lo que cuestionaba la Sociedad Rural y CARBAP eran los tímidos amagos del gobierno contra la gran propiedad latifundista. Terrorismo. Desabastecimiento. Huelgas. Ocupaciones de viviendas. Oposición ruralista. La situación se complicó para el gobierno. Como reflejo de esta crisis política, comenzaron a esbozarse en el seno del gobierno dos corrientes. Una encabezada por Gelbard, proclive a un acuerdo con los partidos políticos; otra liderada por López Rega, que buscaba forzar una salida peronista «ortodoxa». Entre ambas corrientes cabalgaba Perón apoyándose en la segunda sin romper con la primera. Seguir a ultranza la línea «lopezreguista» en lo político era caer en manos de la gente de la UOM y en lo económico en el neodesarrollismo disfrazado de «ortodoxia» de Gómez Morales. Seguir la opción de Gelbard implicaba salvar la política económica con la que estaba de acuerdo en líneas generales, pero era deslizarse peligrosamente hacia un régimen de co-gobierno con los partidos políticos, lo que implicaba el deterioro de su liderazgo. Ni uno ni otro camino parecía ser el derrotero del general, quien al mismo tiempo se apoyaba en ambas alternativas”… Llegó un momento en que Perón era «todo». Pero además del desgaste político, eso implicaba desgaste físico. Tenía setenta y ocho años. Claro que el anciano general añadía a esta situación perjudicial para su persona su propia cuota al acordar asumir los papeles más diversos. Pero esto es inherente a los grandes políticos. Pelean por sus ideas hasta sus últimas fuerzas.”
[xx] Di Tella (pag 29) divide los hechos económicos del período Perón-Perón en seis etapas. Mencionamos las tres primeras, por ser las de interés para este trabajo. “Junio-diciembre de 1973: Política económica inicial; programa de estabilización, pacto social y congelación de precios y salarios, medidas reformistas. Enero-agosto 1974: Crecientes problemas con la congelación de precios y contradictorias políticas de expansión; dificultades en el sector externo. Septiembre de 1974-mayo de 1975: Reajuste drástico; conflicto político, comienzo de una recesión.”
[xxi] No trataremos, por exceder el objeto de este trabajo, la modificación de 1973 a la Ley de Asociaciones Profesionales, aunque resultan de interés las palabras de Godio (pag 105), a las que remitimos al lector.
[xxii] Fue derogada por el Decreto N.U.70/2023.
[xxiii]Di Tella, pág 183, entre otras: “de los casos de intervención estatal más publicitados fue la ley 20680, que faculta al Gobierno para fijar precios máximos, intervenir en los mercados primarios, prohibir exportaciones e imponer la producción de artículos esenciales. Tal ley formaba parte de una larga tradición que se remontaba a una ley de 1939 (12.591), dictada bajo el influjo de la Segunda Guerra Mundial, que había autorizado el Estado a imponer controles sobre los precios. Tales poderes fueron sustancialmente reforzados y ampliamente utilizados durante las primeras Presidencias de Perón y se asociaron íntimamente a las políticas peronistas… Las bases las consideraron una medida dirigida contra los grupos establecidos tradicionales y con un signo de la firme decisión de arreglar las cosas, como si las cosas pudieran arreglarse tan fácilmente. La política de determinar los precios fue aplicada en toda su extensión. Tanto en aquellos casos donde el control, aunque difícil, era posible, como en aquellos donde resultaba improbable… La congelación de precios duró los 2 años en que se mantuvo en vigor el Pacto Social, lapso durante el cual también los salarios fueron congelados. La congelación de precios fue efectiva al principio, principalmente por el temor general que provocaban los acontecimientos políticos. La juventud peronista creó grupos voluntarios de supervisión que verificaban el cumplimiento, agregando tención a una atmósfera tensa…”
[xxiv] Di Tella pág 183, entre otras. Hasta no hace mucho tiempo la Ley de Abastecimiento fue un instrumento de amenazas y de presión sobre los sectores productivos, mientras desde las cúpulas se realizaban pingues negocios particulares aprovechando la imposición de regulaciones estrambóticas y a costa de las necesidades más elementales de los pobres de nuestro país.
[xxv] Remitimos al lector a un artículo previo de este espacio y sus notas al pie. Dijimos allí que: La primera solución legislativa (al problema de la licuación de los juicios laborales por la inflación) llega en 1974 a través de la ley 20.695 promulgada el 1/8/1974, que presenta una escasa diferencia temporal con la ley 20.744 de Contrato de Trabajo, promulgada un mes y medio más tarde, el 20/9/1974. Explican los autores que ello se debió a la necesidad de dar una rápida solución a la cuestión inflacionaria de los créditos laborales, en vista de que no lograba arribarse a un consenso en el texto de la que luego fuera la LCT, la cual, dictada, receptó la disposición bajo el entonces art. 301 (luego art. 276). Destaca Etala por su importancia, que el dictado de la ley 20.695 tuvo como precursores en el campo doctrinario a los Dres. Centeno y Capón Filas. https://www.doctrinalaboral.ar/hiperinflacion-y-credito-laboral-un-poco-de-historia-y-situacion-actual/
[xxvi] Ver Vázquez Vialard, Antonio, Academia Nacional de Derehco y Ciencias Sociales, Anales, Buenos Aires, Año XXXVI, Número 20, 1991, en obra: “Cincuenta años en la evolución del Derecho del Trabajo argentino”
[xxviii] Ver diario La Nación del día 14/2/1974.
[xxix] Antes de la reforma constitucional de 1994, las sesiones ordinarias abarcaban desde el 1° de mayo hasta el 30 de septiembre de cada año.
[xxx] Remitimos al lector a la nota xxv de este artículo y a uno anterior: https://www.doctrinalaboral.ar/hiperinflacion-y-credito-laboral-un-poco-de-historia-y-situacion-actual/ donde tomamos un dato de época.
[xxxi] Como no podía ser de otro modo, para celebrar la LCT no se trabajó. “El Consejo directivo de la Confederación General del Trabajo dispuso… un cese de actividades y movilización de los trabajadores a partir de las 10.. y hasta las 18 (horas) “para recibir de manos de la presidente de la Nación e legado hisórico de la ley de protección a los trabajadores”. Las disposiciones adoptadas… por la CGT señalan que las organizaciones sindicales facilitarán la concurrencia de los trabajadores al acto adoptando las medidas que posibiliten la movilización de acuerdo con su modalidad y la distancia de los recorridos” (Diario La Prensa, 19 de septiembre de 1974). La foto que encabeza este artículo, del diario del 21 de septiembre de 1974 La Nación, es suficientemente reveladora de la multitudinaria convocatoria lograda.
[xxxii] Diario La Nación, 21/9/1974. Posteriormente se registra un evento de dudoso gusto: en festejo de la Presidente hizo entrega a la CGT de un cheque por 5.000.0000 de pesos moneda nacional. ¿Era necesario?
[xxxiii] Ver Larraqy, Marcelo y Caballero Roberto: “Galimberti. De Perón a Susana. De Montoneros a la CIA”.
[xxxiv] Ver Diario La Nación del 26/9/1974.
[xxxv] Hay un dejo de falsa modestia en el Mensaje del Poder Ejecutivo. La LCT introducía algunas modificaciones importantes en mejora de los derechos de la clase trabajadora. En particular, elevó la indemnizaciones por despido.
[xxxvi] Centeno comentó -con total humildad, debe decirse- su propia ley, en un artículo del año 1974 en la Revista “Legislación del Trabajo” (Tomo XXII, B, pag 865 y siguientes). Véase su pensamiento: “La ley de contratos de trabajo es obra de sistematización, sin resignar por ello cuánto de original contiene. Con ser derecho nuevo, no se ha legislado prescindiendo de los aportes de una calificada doctrina nacional, verdadera escuela de derecho del trabajo, los precedentes de la jurisprudencia y los antecedentes de la legislación y doctrina extranjera, convenios y recomendaciones de organismos internacionales, congresos científicos, e incluso por apelación a normas de eficacia comprobada provenientes de aquellas que se dieran los grupos sociales a través de las convenciones colectivas de trabajo.”
[xxxvii] “Semblanzas de los abogados y abogadas detenidos-desaparecidos y asesinados entre 1970 y 1983 en la Argentina.” Defensoría General de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En cuanto a su personalidad, dice este trabajo: “Su ritmo de trabajo era febril, trabajaba hasta largas horas de la noche en épocas en que las demandas se hacían con la Remington manual, ya que la eléctrica era todavía rara. Es sumamente cara… Este cúmulo de trabajo, que incluía no solo la atención al público que por decenas, esperaba en la sala de espera de su estudio, sino la realización de forma exclusiva de demandas y recursos, no le impedía continuar con su labores académicas… El estudio jurídico estaba abierto prácticamente todo el día, y no faltaba oportunidad en la que por un problema en una planta metalúrgica, textil, o un conflicto con choferes o cambios de esquema, se debía interrumpir la atención de la gente para que Centeno fuera el lugar mismo del conflicto a fin de destrabar la situación. En esos casos la gente permanecía largas horas y hasta tarde, esperando su retorno. Centeno volvía y continuaba teniéndolos hasta largas horas de la noche.”
[xxxviii] La desaparición de Centeno y su posterior asesinato se reflejan en los diarios de la época. Pueden verse las noticias en julio de 1977 en La Nación.
[xxxix] Ver Godio, pág. 19.
[xl] Centeno, Norberto. Introducción a la ley de contrato de trabajo. Revista “Legislación del Trabajo” (Tomo XXII, B, pag 865 y siguientes).
[xli] Un aspecto criticado de la LCT a poco de su vigencia fue el tema de los certificados médicos y la justificación de las licencias por enfermedad, que produjo un inusitado incemento del ausentismo e incluso, introdujo la discusión de una inmediata reforma en ese aspecto, luego desechada. Véase el diario La Nación del 20/12/1974: “Estudian medidas para corregir los elevados índices de ausentismo” y la opinión de Di Tella, crítica de la LCT en la página 184 y siguientes del libro que venimos citando.
[xlii] Centeno, Norberto. Introducción a la ley de contrato de trabajo. Revista “Legislación del Trabajo” (Tomo XXII, B, pag 865 y siguientes).
[xliii] Idem anterior.




