DOCTRINA LABORAL

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CELEBRACIONES EN EL TRABAJO:UNA FUENTE DE CONFLICTO


 

“Las cosas podía haber acaecido

de cualquier otra manera

y, sin embargo, sucedieron así.”

Miguel Delibes

 

          Las fiestas de empresa de cierre del año tienen su costado polémico. La mayoría de los entrevistados, en reserva, reconoce que preferiría no asistir. Pero ya sea por costumbre, para pasar inadvertido y no quedar afuera del círculo social, o para evitar ser el ausente objeto de todas las críticas, se respira hondo y con más o menos ganas, uno, al final, va.

 

 

          El problema es cuando los conceptos se confunden y ya no se distingue la fiesta del trabajo o el trabajo de la fiesta. Más aún cuando el alcohol hace sus efectos.

 

 

          Veamos lo sucedido en Australia, hace ya algunos años (2015), en el caso “K. v Leighton Boral Amey Pty Ltd”[i] que trató la Fair Work Commission[ii] y fue ampliamente comentado en los medios jurídicos y periodísticos.

 

         

          El relato de los sucesos, con ocasión de la fiesta de la empresa por la Navidad que motivó el despido del trabajador, es en verdad peculiar.

 

 

          El evento se organizó en un hotel, adherido a las guías de “Servicio Responsable de Alcohol”, bajo la política de no servir alcohol a menores de edad ni a personas en estado de intoxicación, sino de suministrarlo en manera responsable, amistosa y profesional.

 

 

A su vez, el personal de la empleadora encargado de la organización fue aleccionado para recordar a los asistentes que mantuvieran estándares de comportamiento apropiados.

 

 

          No obstante las prevenciones, lo que podía salir mal, parece haber salido mal.

 

 

          El señor K., según el fallo, concurrió a la fiesta con dos cervezas previas, aunque se destaca que no fue el único de los invitados que ya había bebido antes del evento. Aparentemente, en la fiesta, tomó un total de diez cervezas, un vodka y una coca. Por su parte, el hotel cesó en los controles, y a partir de cierto punto, dejó que los asistentes tomaran las bebidas por sí mismos. Tampoco hubo supervisión formal del empleador. De este modo, si bien K. se intoxicó rápidamente, nadie le rehusó el servicio de alcohol, sino que siguió sirviéndose él mismo. Nadie tampoco lo reprendió ni le sugirió que dejase de beber.

 

 

          El relato de los sucesos, no podemos dejar de notarlo, tiene detalles entretenidos, al punto de que la sentencia, de no constituir un caso judicial formal, podría tomarse como una historia de humor. Véase cómo se refiere el sentenciante al actor:

 

 

          “Como devendrá aparente, (el actor) rápidamente quedó fuertemente intoxicado por el alcohol en la fiesta de Navidad, y esto, indudablemente, afectó su capacidad de recordar todo lo ocurrido. Tiene una tendencia a efectuar firmes negativas de conductas de su parte de las que probablemente no tiene memoria, y es en algunas instancias, evasivo con la verdad.”

 

 

          Con este antecedente, el fallo relata una serie de comportamientos bizarros. Conversaciones en el salón donde este trabajador insulta a un Director de la empleadora -sin saber quién era-  (“Véte al c…”) y luego a todas las autoridades en general (“Todos esos miembros del Directorio están j… todos pueden irse al c…”) o a un gerente en particular (“es un c..[iii]). Más tarde, manda de paseo a una compañera (“Quién m… eres. Qué es lo que siquiera haces aquí”). Luego se acerca a otra trabajadora, proponiéndole un diálogo romántico (“Voy a hacerte una entrevista -de trabajo- ahora. Eres casada o divorciada… estás con alguien?… quiero pedirte tu número pero no quiero ser rechazado…”). De esta situación embarazosa la “rescata” por otra dependiente, mediante una seña que las mujeres habían pactado entre sí, para el caso de que alguien se sobrepasara en el evento.

 

 

          Terminada la fiesta, un grupo de los invitados se dirige al área pública del bar del hotel y compran allí otros tragos, pero en forma particular y desvinculada del evento originario. En esta ocasión se presentan los dos últimos incidentes.  Según la versión del trabajador, se puso a bailar con una colega a la que elogiosamente llamó “zorra”, aunque ésta se sintió ofendida al punto de las lágrimas. Finalmente, se dirige a otra de las empleadas, le pide que le compre un trago y repentinamente la toma de la cara y le da un beso en los labios. Ésta se refugia en el baño y a su regreso, K. le dice “Iré a casa y esta noche soñaré contigo

 

 

          La sentencia se pregunta: “Qué sucedía en la cabeza del Señor K. durante este comportamiento es difícil de discernir. A esta altura estaba indudablemente más allá de su capacidad de comportamiento racional, y tendería a la visión de que el beso fue un acto impulsivo de un hombre intoxicado. Es imposible saber si se trató de un intento torpe de comportamiento amistoso o un acto sexual intencional, aunque por el subsiguiente comentario a (la involucrada) tiende a sugerir que se trató en el caso de la última posibilidad”. Finalmente, todos se retiraron del hotel y tomaron un taxi, excluyendo del vehículo, por obvias razones, al protagonista.

 

 

           La situación originó un proceso disciplinario interno, en el cual se evaluaron alternativas de diferente grado. Desde un llamado de atención escrito, la solicitud de disculpas, rebaja jerárquica y salarial, prohibición de asistir a futuros eventos de la compañía y monitoreo de su conducta. Pero en lugar de aplicarse estas medidas menores, el trabajador fue despedido.

 

 

          El involucrado alegó discriminación de trato, puesto que otro empleado, también jerárquico, había mantenido un comportamiento rudo con una subalterna (“ahora pondremos nuestros … en la mesa a ver quién lo tiene más largo”) con mínimas consecuencias. Asimismo, impugnó la validez del despido y solicitó su reinstalación en el empleo, en lo que veremos, resultó victorioso.

 

 

          En efecto, el tribunal australiano realiza un razonamiento interesante.

 

 

Así, deslinda las conductas acaecidas en el bar público del hotel, posteriores a la finalización de la fiesta empresaria y fuera del salón contratado para el evento -en particular el beso no consentido a su compañera-, y las califica como privadas, ajenas al derecho de control o a la regulación del empleador, a excepción de que el comportamiento pudiera afectar el vínculo de trabajo, ser dañoso para sus intereses o incompatible con las obligaciones laborales del caso.

 

 

Rechaza por ello la posición de la compañía sobre el acoso sexual por considerar que el mero hecho de compartir un empleo común, cuando el tema no tiene conexión con el trabajo o éste es incidental, resulta irrelevante. Señala la sentencia: “Se requiere alguna conexión entre las circunstancias del empleo y el acoso… el acto de acoso sexual debe ocurrir en circunstancias que tengan alguna conexión con el empleo común en orden para que las personas involucradas sean tratadas como “compañeros de trabajo”. Y con cita de otro precedente indica: “cada caso tendrá sus hechos y puede ser difícil de trazar la línea en alguno de ellos… de lo contrario… el test (jurídico) sería al extremo de extenderse a cualquier conducta, en cualquier circunstancia, entre personas que se hubieran conocido en una situación de empleo. Lisa y llanamente ello permitiría a los empleadores entrometerse demás en las vidas privadas de sus empleados.” Y recordó que los testimonios de las mujeres no indicaron que los hechos pudieran tener efectos directos en el lugar de trabajo.

 

 

Queda así la consideración de las conductas del protagonista durante la propia fiesta, que tampoco fueron estimadas de suficiente seriedad para fundar válidamente un despido.

 

 

En efecto, la Comisión resalta que los sucesos se debieron a la ingesta de alcohol, lo que estima como un factor atenuante. Si bien no sugiere que el involucrado pueda ser eximido de la responsabilidad en la que incurrió al beber en demasía y señala que debió haber controlado su consumo, estima como un factor de exacerbación el modo en que se sirvieron las bebidas. Opina el tribunal que el empleador incurre en contradicción al requerir cumplimiento de estándares de conducta, pero al mismo tiempo, permitir alcohol libre en la fiesta, lo que permite predecir que algunos individuos podrán consumir en exceso y comportarse de modo inapropiado. Así destaca que al demandante no se le negó ningún trago y que nadie le sugirió que dejara de tomar o controlara la bebida. Tampoco hubo ninguna autoridad de la empresa que impidiera los hechos, sino que dejaron que todo corriera a su aire.

 

 

Finalmente, en la evaluación del desempeño laboral de K., se hace mérito de la falta de consecuencias significativas de estos eventos en el trabajo, sus buenos antecedentes, el carácter aislado de este hecho, su estado de intoxicación, la provisión de los tragos sin control, la existencia de alternativas disciplinarias menos gravosas -como sanciones- y la diferencia de trato en el otro caso mencionado. Y así, gana el juicio y se ordena su reinstalación.

 

 

Al pie de este artículo dejamos el documento en idioma original. Son 32 páginas entretenidas y a la vez, enriquecedoras.

 

 

La comparación con nuestro régimen laboral indica varios puntos de conexión, aun cuando se trata de dos sistemas jurídicos distantes. Pero existe gran similitud en la forma de redacción de la carta de despido, la graduación de las medidas disciplinarias antes de disponer un distracto, el modo de tratar al empleado con una intoxicación o adicciones, o el principio de igualdad de trato.

 

 

No obstante, también se desprenden diferencias sociológicas profundas, ya que de seguro una trabajadora argentina se habría considerado gravemente afectada en su rol como compañera por el beso intempestivo y el despido habría sido declarado procedente. También es de observar, en contra de nuestro derecho procesal, el breve lapso que demandó la decisión (pese a que cuando declararon nueve testigos), ya que los hechos, que databan de diciembre de 2014, fueron objeto de sentencia a principios de mayo de 2015.

 

 

De este modo, nos anticipamos con este ejemplo a algunos desvaríos locales, a la espera de prevenir mayores inconvenientes. El Derecho del Trabajo es inagotable y siempre presenta novedades de toda índole e interesante material comparado para exponer.

 

 

 

[i] https://www.quicklaws.com.au/news/employers-might-think-twice-before-serving-alcohol-at-christmas-parties#:~:text=The%20Case%20In%20Stephen%20Keenan%20v%20Leighton%20Boral,co-workers%20and%20directed%20foul%20language%20at%20his%20boss.

[ii] Actúa como Tribunal de Relaciones del Trabajo en Australia.

[iii] Es irreproducible.

DOCTRINA LABORAL

Me gradué en la UBA (plan viejo), después siguieron una maestría y una especialización. La profesión me regaló muchas satisfacciones, aunque también algún disgusto. Pero el derecho, amigo fiel, siempre toca a la puerta.

Hoy me acompañan en este blog colegas de larga trayectoria. A todos nos une una necesidad intelectual: la de pensar. Por eso escribimos, para pensar. Y para que vos, querido lector, te sumes a este difícil ejercicio junto a nosotros.

Te invitamos a criticarnos, a disentir, a formular tus propias opiniones, a ser original. A que superemos nuestras limitaciones. A contribuir con la noble profesión de abogado y llevarla con orgullo. Para dejar algo mejor a quienes vengan detrás.

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